|
“Te amo”, dijiste. Y el escucharlo cimbró los endebles cimientos de mi cordura. La caricia de tu voz sembró la ansiedad en toda mi piel, dejando mi cuerpo minado, susceptible a tu liviano roce. “Te amo”, dijiste, fijando tus ojos marinos en mi soledad lacerante, desnudándola del todo y exponiéndola ante mí, convenciéndome de la imperiosa necesidad de tu regazo, de mi fatal incapacidad de sobrevivir a la desolación y al frío. “Te amo”, me dijiste. Intentado alcanzar mis labios antes de decir adiós, capturando –en su lugar- mi sorpresa, mi recelo, mi lucidez; mostrándome un arrecife de tonos vivos y hedonistas, contrastante con mi mundo taciturno y monocromático. “Te amo”, repetías. “Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo”. No tienes ni puta idea de lo que significas para mí”. Cobarde, retrocedí rebasada de lágrimas; tenías razón: no tenía idea, no lo sabía... no lo sé aún. “Te amo”, dijiste. Y nunca mas te lo oí decir. Compartido por Muñeca rota
|