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Me siento tan mal. Me duelen los ojos de tanto llanto. Me duele el cuerpo de tanto sostener mi dolor. Hoy recibí otra prueba de tu desinterés por mí. Pero apenas ayer tus palabras decían lo contrario, cuando me pedías perdón por el miedo que te da decirme que me quieres. Ya no sé como reaccionar contigo. Hoy por primera vez lamenté haberte conocido, porque ahora entiendo que no conocerte hubiera sido la única forma de no enamorarme de tí. Y sé que no sirve de nada tratar de aclarar las cosas, que si te escribo mis razones no las lees, que aunque te lo diga vas a elegir escuchar otra cosa, y que nada de lo que tu digas puede darse por definitivo, pues con una facilidad pasmosa puedes negarlo. Y aunque sé que cuando dices "te amo" sólo es cierto durante esos momentos en que tardas en decirlo, aún así atesoro esas palabras como si contuvieran el único motivo para ser feliz. Hoy otra vez deseo romper este círculo de dolor. Pero todavía no encuentro como.
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